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¿Se parece mucho a un discurso, verdad?
En un discurso, se necesita definir un punto, un propósito una conclusión a
la cual llegar. El discurso se conduce para obtener dicho propósito. Uno
analiza y se hace preguntas sobre el problema. Paso a paso se acerca uno al
punto culminante, estableciendo cada giro del trayecto, hasta que se llega a
la conclusión final e inevitable.
Esto es el proceso de pensar.
Hágase preguntas sobre el contexto de su idea. Intente contestarlas.
Consulte materiales de referencia. Exponga sus preguntas a quienes conocen
la materia. Manténgase atento a distinguir entre opiniones y datos
auténticos, entre prejuicios y convicciones. Confronte sus propias opiniones
con los hechos. Critique su propia lógica.
Formule sus ideas con palabras, las más precisas posibles. Con frecuencia, el solo hecho de darle representación a una idea con palabras, revela ya sea su inconsistencia o su solidez, su incongruencia o su coherencia.
Ante todo, debe de pensar con integridad y una disposición receptiva, aunque los hechos demuestren que uno está equivocado. Debemos permitir que los datos reales nos muestren el camino, aunque lleven a conclusiones lejos de nuestras aseveraciones iniciales.
Un pensamiento íntegro, enfocado, riguroso, debe ser el objeto de todo estudiante serio. Pero requiere esfuerzo.
Quien lo practica se convierte en un verdadero líder. Si otros piensan por usted, estará sentenciado a ser un seguidor, nunca un líder. Claro está que es más fácil seguir que abrir el camino; si quieren que se lo señalen, no piense.

“El humano que piensa”, dice Bufón, “de inmediato se convierte en líder de quienes no lo hacen”.
Dr. Ralph Smedley
(Editorial de The Toastmasters, Marzo de 1948)